jueves, 9 de junio de 2011

Historias de espionaje

La URSS tenía un batallón de espías especializados en enamorar empleadas de ministerios occidentales. El servicio secreto ruso planificaba hasta el más mínimo detalle, lo espías recibían clases de psicología, intereses sociales, opiniones,... todo ello enfocado hacia el grupo de gente al que querían acercarse que eran estudiantes, científicos, y sobre todo las secretarias.

Espionaje por amor

Esto también era de sobra conocido en el bando capitalista, por lo que sometían a sus secretarias a sesiones de cine sobre mujeres que habían caído en la trampa, habían entrado en el mundo espía y habían fracasado. Es más, las oficinas estaban llenas de carteles con textos que decían: “¡Cuidado! Hay una clave que abre todas las cajas fuertes: el amor.

Desinformación del enemigo, el contraespionaje

Según los datos revelados con el tiempo por la CIA, cerca de 15 secretarias fueron procesadas por traición a los EEUU. Es cierto que el KGB tuvo numerosos éxitos en sus operaciones pero, es posible que uno de sus mayores aciertos fuera la desinformación del enemigo.
En el todo vale de esta guerra silenciosa también tenía cabida engañar al enemigo mediante rumores tales como la promoción de teorías falsas como el asesinato de Kennedy o incluso intentos de desacreditar a la CIA extendiendo el rumor de que el director del FBI había acusado de homosexual a Martin Luther King. Esto consiguió aumentar la tensión racial dentro de Estados Unidos e incluso difundir la creencia de que el sida fue provocado por una investigación fallida de los americanos.
Así, por ejemplo, a finales de los 50 se le encargó al agente Heinz Sutterlin conquistar a una de las secretarias del Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania occidental cuyo puesto fuera clave dentro de este. La secretaria elegida fue una joven de buena familia llamada Leonore. Siguiendo el plan de conquista, Sutterlin se presentó en la puerta de su casa con un ramo de rosas y preguntó por otra mujer. Al final, acabaron cenando juntos y después comenzando una relación.
Como todas la secretarias ya estaban avisadas, Leonore hizo investigar a su nuevo novio sin encontrar nada sospechoso y acabaron casándose en los 60, cuando aún ella ignoraba que Sutterlin era un agente del KGB. Para cuando se enteró, ella comenzó a pasar información bajo el alias de Lola. El periodo de espía de Leonore duró hasta el 1969, cuando el jefe de ambos se pasó a la CIA, los denunció y ella acabó en prisión; donde al poco tiempo acabaría por suicidarse.
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